Extraño el verano, esas tardes interminables, esas puestas de sol que parecían sacadas de una película; extraño el calor, pasarme el día tirada en la cama con el aire al máximo leyendo algún libro que me hiciera acordar a vos; extraño el mar, el olor a sal, caminar por la playa, la arena en mis pies, extraño quedarme parada a orillas del agua mirando el horizonte; extraño el sol, sentarme horas y horas viendo como oscurece de apoco, extraño ver como se dibujaban nuestras sombras, como se creaban esos reflejos en tus cabellos, como golpeaba en mis ojos mientras te besaba; extraño la noche, tirarme en algún lado a ver las estrellas y sentirme pequeña, más que pequeña diminuta, y esperar a que pase una estrella fugaz para pedir un deseo, que te quedes conmigo, claro; y entre otras cosas extraño tus manos, la forma en que me tomabas, extraño tus ojos, tus pupilas apuntando hacia las mías, extraño tus pestañas jugando con mi cara, acompañada de esa risa que tanto me enamoraba; extraño tu boca, esa sonrisa de niño con juguete nuevo, esos besos; y entre otras cosas, también extraño tu cuerpo junto al mío, caminar a la par abrazarte y sentirme segura, transformarte en mi escudo que me protegía de todo mal; extraño tu respiración en a mi oreja, esas caricias en el cuello; y porque no también extrañar tu voz, esos karaokes en las calles de la ciudad, tu risa que curaba todo mal; y en conclusión podría decir que te extraño, todas y cada una de las partes de tu cuerpo, hasta el más mínimo e insignificante detalle, lo extraño… te extraño