
Jamás logré encontrar en otro lo que sentía cuando él me abrazaba o me rozaba. Solo le pedí que me abrace aún más fuerte y que entendiera que con ese abrazo podía morir tranquila, segura, feliz.
Y quizás decir lo que él era para mí, era quedar como al descubierto, pero nada era comparado con tenerlo entre mis brazos, nada era comparado con besarle esas tantas veces que me había hecho feliz. Le expliqué que él era mi refugio, que jamás me había sentido tan cuidada y tan querida con alguien, que podía venir una tormenta, pero nada me tiraría abajo, solo porque él estaría conmigo...Nada podía hacer que yo quebrara si él estaba feliz junto a mí, nada.