
Y quizá te echo de menos, por las noches. Cuando solo hay silencio y el frío recorre cada poro de mi piel, cada milímetro de mi habitación, cada espacio vacío de mi cama. Donde se supone que deberías estar tú, pero no estás. Porque quizás mi imaginación es demasiado fuerte para imaginarte cada mañana a mi lado, con tu sonrisa de recién levantado y tus ojos reflejados en los míos. No soy capaz de borrar algunos recuerdos de mi mente, no he sido capaz nunca aunque muchas veces te haya mentido. Fue tanto el dolor que me causaste que siempre contenga un poco de él para cuando te echo de menos, para cuando extraño todos tus pequeños detalles que tanto me hacían sonreír. Y ahora... Ahora simplemente no me hacen nada.
Todas las noches son duras, todas y cada una de las noches que pienso y le doy vueltas a mi corazón, a mi cabeza y a mi mente. Entonces todo se vuelve demasiado fuerte. Una sensación de dolor incontrolable se apodera de mí y lágrimas ya están saliendo de mis ojos.
Mi almohada te echa de menos, aunque también te guarda un tremendo rencor y odio. Ella es la única que ha visto todo lo que he sufrido por ti...