Que realmente, el no le gusta, pero que si le toca la pierna se le enciende hasta el miocardio. Que se muere de ganas de decirle que la lleve al fin del mundo una mañana. Sin decirle nada a nadie, sin que nadie sospeche que le quiere comer cada vez que la mira. Que después de hablar de amor, le gusta hablar de aventuras. Que lo que hay entre ellos no es nada especial. Solo un revolcón de cada uno en su cama. Y la verdad que ella no sabe si es falta de amor, o que ya se le ha ido la cabeza por completo.