Y entonces me descubro rodeada de gris, momentos que me
hubiesen quitado la respiración hasta ahogarme muy despacio entre alguna sábana
arrugada. Pero ahora, aunque el camino siga siendo tan inestable, y el cielo
cambie de color casi con cada parpadeo, voy logrando mantener el equilibrio. Tú
te vas, regresas… te quedas un rato, construyes un universo, y yo me vuelvo a
perder. Lucho por las sensaciones que se quedaron, y miro a través de los
tejados todo lo que el aire se fue llevando, todo lo que el océano se tragó
después de la tormenta. Las manos que todavía buscan abrazarme, los aviones que
nunca llegan y los trenes que no sabemos si partirán alguna mañana. Correr para
escapar, morir en tu cama y volver tan revuelta que ya da igual todo lo demás.
La última sensación de libertad antes de que el año empiece a correr otra vez.
Luego, todo morirá en cualquier esquina, y llenará después el aire y las risas
melancólicas de cualquier cafetería cuando el invierno nos traiga de vuelta los
recuerdos. Y ya no hay espacio para las palabras, hace tiempo que aprendí que
no sirven de nada, hay cosas que nunca van a cambiar por más que tu pienses que
sí.
Y entonces me descubro rodeada de gris, momentos que me
hubiesen quitado la respiración hasta ahogarme muy despacio entre alguna sábana
arrugada. Pero ahora, aunque el camino siga siendo tan inestable, y el cielo
cambie de color casi con cada parpadeo, voy logrando mantener el equilibrio. Tú
te vas, regresas… te quedas un rato, construyes un universo, y yo me vuelvo a
perder. Lucho por las sensaciones que se quedaron, y miro a través de los
tejados todo lo que el aire se fue llevando, todo lo que el océano se tragó
después de la tormenta. Las manos que todavía buscan abrazarme, los aviones que
nunca llegan y los trenes que no sabemos si partirán alguna mañana. Correr para
escapar, morir en tu cama y volver tan revuelta que ya da igual todo lo demás.
La última sensación de libertad antes de que el año empiece a correr otra vez.
Luego, todo morirá en cualquier esquina, y llenará después el aire y las risas
melancólicas de cualquier cafetería cuando el invierno nos traiga de vuelta los
recuerdos. Y ya no hay espacio para las palabras, hace tiempo que aprendí que
no sirven de nada, hay cosas que nunca van a cambiar por más que tu pienses que
sí.