A veces pararse frente al problema e intentar resolverlo dista mucho de quienes esperan que se solucione sólo. Por eso... las heridas no se curan solas. 
Tocarlas y toquetearlas como sí nada. Y tú vuelves a aparecer en cada pellejo muerto. En cada suspiro y aliento. En esbozos y en la inercia de mi esencia. 
Rimar nunca supe, al igual que tú nunca supiste quererme sin herirme. 
Ay, cómo dueles. 
Intento disimular este vacío que escondo entre pecho y costillas, pero nada. 
Sigue latiendo, sigue quemando. El corazón se mueve por pura monotonía y el gris de tus secuelas golpea los cristales de mi ventana. Intento olvidarte. Sólo lo intento.